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  1. Cuarenta y ocho

    22 junio 2015

    Dicen que cumplir años en inevitable, pero envejecer es opcional.

    Y así me siento hoy, más joven que nunca. No te pesan los años, te pesa la edad mental. A mis cuarenta y ocho años recién cumplidos no me siento para nada viejo o mayor. Al contrario, tengo más ganas que nunca de hacer cosas nuevas, de reinventar, de vivir.

    Quizás por las mañanas cuando me aseo y me veo las canas frente al espejo me invade ese sentimiento, pero no es vejez, es experiencia aprendida de los años pasados. Es tiempo invertido y nunca perdido. Es tiempo que ha pasado y del que puedo presumir de haber vivido.
    Y algunos, mis más allegados, saben que los días no pasan en balde, que cada día cuesta un poco más hacer, pero las ganas superan a los años. 

    El tiempo pasa para todos y para todo. Nos hacemos viejos queramos o no, hay que intentar a toda costa que lo único que se arrugue sea el envoltorio y que lo de dentro permanezca intacto y reluciente. Para que los que se acerquen y sean capaces de llegar al interior descubran que hay una persona jovial y con ganas de vivir.

    Tengo la suerte de haber vivido dos maravillosas épocas en la vida, la era analógica donde lo que había era lo que tenías cerca y la era digital donde las redes sociales y la tecnología nos hacen proyectar nuestras vivencias y pensamientos más allá de nuestras fronteras. Y puedo presumir con orgullo de que, en esos dos mundos, tengo grandes amigos.

    La amistad, valiosa palabra, y más aún el día en que cumples años. Ese día en que se acuerdan de ti y te felicitan. Aunque hay muchos que se quejan de que Facebook es un chivato y que esos que te felicitan por las redes sociales sólo se acuerdan de ti ese día a mí realmente me agrada que se tomen un momento de su tiempo para dedicarme unas palabras.

    Tiempo, valiosa palabra, eso que tanto valoramos y que cada día es un bien más escaso. El tiempo que empleas en dedicar unas palabras a ese que hace mucho que no ves es tiempo invertido en que el felicitado se acuerde te ti al leerte.

    Palabras, valiosas palabras, esas que aún escritas con actitud de compromiso te acarician el alma y te hacen recordar que no estamos solos, que aquí venimos a compartir y a vivir, a llenar espacio y reconfortar.

    Por eso, por los que se acuerdan de uno en este día señalado que te miras al espejo y dices "un año más viejo", agradezco a todos los que a partir de este momento vais a perder un minuto de vuestro tiempo en felicitar al que suscribe estas palabras.

    Antes de que comencéis a felicitarme ya os llevo dos curvas de ventaja y soy yo es os felicito y agradezco por perder un minuto de vuestra vida en felicitar al loco que suscribe estas palabras.

    Así que... GRACIAS de antemano.

    P.D. Sé que lo correcto es agradecer tras recibir las felicitaciones, pero como buen loco que soy me gusta darle las vueltas a las cosas para ver que sucede.

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  2. Hijos que tenéis padres

    02 junio 2015



    Iba a empezar a escribir esto con un fandango que dice "¿Que te has creído renacuajo?", pero creo que no es apropiado porque esto no va dirigido precisamente a niños, aunque tampoco va dirigido a adultos. Esto va escrito para vosotros, queridos jóvenes, hijos nuestros, hijos de nuestros dolores y sufrimientos.

    Cada día escucho, leo y vivo situaciones difíciles entre hijos y padres. Hijos que quieren imponer la razón, padres que quieren hacer entender la razón. En ocasiones el momento se vuelve tan tenso que se llega a las palabras en voz alta, y en las peores ocasiones a las palabras malsonantes.

    Dejadme que os diga una cosa, todos los padres hemos pasado por vuestra edad, todos los padres para llegar hasta aquí hemos vivido todo aquello por lo que vosotros estáis pasando, todos los padres hemos sido hijos. Aunque nuestra época quizás fuese mas fácil de vivir porque no había esos cachivaches que ahora se usan como el ordenador, la consola o el teléfono móvil que os mantienen 24 horas al día conectados con el exterior. Quizás, este exceso de conectividad sea el causante de muchas de estas situaciones.

    Porque cuando un padre o una madre se dirige hacía su hijo o su hija lo único que quiere es un poco de atención, cuando os miramos a los ojos sólo queremos que nos miréis; si no es a los ojos, por lo menos a la cara. Normalmente, en la mayoría de las conversaciones entre padres e hijos siempre suena el móvil, esa conversación tan importante que hay que atender sin pérdida de tiempo haciendo pasar la conversación humana a un segundo plano.

    Nos ha tocado vivir a todos una crisis que ha provocado que muchas familias estén atravesando una situación de verdadera dificultad. Aún así, queridos hijos, un padre o una madre siempre renunciará a algo suyo para intentar daros a vosotros, en la medida de lo posible, todo lo que os haga falta. A veces perdemos los nervios y os levantamos la voz, porque ya no nos acordamos que cuando fuimos jóvenes y acabábamos las conversaciones con nuestros padres a voces y a portazos.

    Con cada portazo, con cada voz mas alta de la cuenta a los padres se nos rompen pedacitos de ilusión, y nos quedamos en silencio, frustrados, pensando que algo no hemos hecho bien.

    Ni lo hemos hecho bien, ni lo hemos hecho mal. Simplemente hemos hecho en cada momento aquello que hemos considerado lo correcto para vosotros. Somos conscientes que cuando nos cerramos en nosotros mismos y nos damos la espalda, lejos de arreglarlo lo que hacemos es empeorarlo y alejarnos de vosotros un poco mas.

    Situaciones tensas que si luego las miras con calma son una auténtica tontería. Porque no me negaréis que una discusión por lo que hay para comer después de haber pasado una mañana de infierno en el instituto unos y en la cocina otros es lo mas absurdo que hay en la vida, o por escatimar media hora para llegar a casa a la hora que sea cuando al final hay toda una vida por delante para disfrutar.

    Sin embargo, pensando en la soledad y viajando al pasado, nosotros hemos hecho casi lo mismo que vosotros, ¿renegar de la comida?, no no, para nada. Lo que hicimos y lo que hacéis vosotros ahora es sentirnos el centro del Universo. Nada mas equivocado. Ninguno somos nada y todos somos parte de un todo. Aunque peleemos, aunque discutamos, aunque acabemos a voces... os necesitamos, y vosotros a nosotros también.

    Hijos que tenéis padres, algún día, en medio de una discusión con vuestros hijos os acordaréis de estas palabras y haréis valer aquella frase que dice "cuando seas padre, comerás huevos". Y es que te los comerás, fríos o calientes, crudos o demasiado hechos, porque es lo que hay.

    Hijos que tenéis padres, mañana por la mañana, antes de empezar a hablar con nosotros, respirad hondo, dejad el móvil lejos e iniciad una conversación en tono amable y conciliador.

    Eso si, queridos hijos, nunca os calléis si nos equivocamos. Tenemos mucho que aprender de vosotros.
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